HUGO CAMERON GARCÍA
Director Nacional de Educación
Unión Chilena

UNIÓN CHILENA

Los comienzos de la educación adventista en Chile se remontan al año 1902. Fuentes oficiales de la Iglesia Adventista coinciden en señalar que las tres primeras instituciones educativa, en orden cronológico, fueron: la Escuela Adventista de Santiago (Santiago, 1902); la Escuela Filadelfia (Pillaf, 8va Región, 1905) y la Escuela Adventista de Púa, (Púa, 8va Región, 1906).

El establecimiento de las dos primeras escuelas, que aunque no tuvieron continuidad en el tiempo, dan cuenta del temprano interés de la iglesia adventista por contar con escuelas primarias para satisfacer las necesidades de educación de los hijos de sus miembros y de las familias de la comunidad.

La tercera escuela se trasladó a 12 km. al Oriente de Chillán, en el año 1922, iniciando sus actividades bajo el nombre de Colegio Adventista de Chile. El desarrollo de esta institución la llevó a convertirse en lo que hoy es la Universidad Adventista de Chile, fundada en el año 1990, teniendo como su antecesora en educación superior al Instituto Profesional Adventista.

Paralelamente, a través de todo el país se fueron estableciendo escuelas primarias y colegios secundarios, hasta conformar una red que actualmente cuenta con 49 instituciones, que atiende una población estudiantil de 24.700 alumnos, aproximadamente. Esta red forma parte de un sistema educativo mundial que tuvo sus orígenes en el año 1852, en la ciudad de Nueva York, EE.UU. Hoy, en un día regular de clases, 1.200.000 estudiantes, que asisten a 6.000 escuelas y colegios, y 102 Universidades o Institutos, son formados bajo los fundamentos filosóficos de la educación adventista.

Las características distintivas de la educación adventista, derivadas de la Biblia y de los escritos de Elena de White, apuntan hacia el objetivo redentor de la verdadera educación: restaurar a los seres humanos a la imagen de su Creador.

La educación adventista transmite más que conocimiento académico. Promueve el desarrollo equilibrado de la persona como un todo: espiritual, intelectual, físico y social. Su dimensión en el tiempo es la eternidad. Busca desarrollar una vida de fe en Dios y respeto por la dignidad de todos los seres humanos; edificar caracteres semejantes al Creador; estimular a pensar en lugar de ser simples reflectores del pensamiento de otros; promover el servicio por amor en lugar de la ambición egocéntrica; asegurar el máximo desarrollo del potencial de cada individuo; y adoptar todo lo que es verdadero, bueno y bello.

La responsabilidad y compromiso que asume la Iglesia Adventista del Séptimo Día es proporcionar una amplia formación educacional y espiritual a sus niños, adolescentes y jóvenes dentro del contexto de una visión cristiana mundial. La iglesia extiende esa misma oportunidad a otros niños y jóvenes de la comunidad que compartan ideas y valores similares. La educación adventista busca mantener la excelencia académica en todas las actividades de enseñanza y aprendizaje.

Hugo Cameron Garcia

Director Nacional de Educación

Iglesia Adventista de Chile